14 marzo 2005

Misterios perdidos (Manuscrito de Slome)

Traducción definitiva por el Dr. Cross del Manuscrito de Slome, aparecido en el desierto de Negev, junto a otros textos aun sin descifrar con una antigüedad estimada de 7.000 años.

Andamos todos en fila por el desierto. El calor es sofocante y pegajoso. Desde el cielo debemos parecer un ciempiés multicolor, al que se le van cayendo trozos cada poco tiempo. Al principio éramos unos mil quinientos voluntarios, pero después de veintisiete días de travesía sólo quedamos la tercera parte. Todos sujetamos nuestro paraguas con una mano y con la otra nos agarramos a la cuerda que nos une. A veces se nos hunden los pies en la arena, y los tropezones y las caídas son constantes. Cuando alguno cae no nos paramos, y si el caído no se levanta, lo desenganchamos del arnés que lo sujeta a la cuerda, le quitamos el paraguas y la mochila a juego que todos llevamos y lo abandonamos, por mas que nos duela, sin hacer caso de las súplicas, ni de los lloros.
Nos mantenemos agrupados cerca de La Cabeza, a unos dos metros de distancia unos de otros, lo que provoca que arrastremos casi dos mil metros de cuerda por la arena, que va dejando una huella que el propio desierto se encarga de borrar.
Cada pocas horas paramos a descansar. Nos enroscamos en espiral alrededor de La Cabeza y clavamos los paraguas en la arena formando una especie de refugio que nos protege un poco del sol. Nos sentamos, bebemos pequeños sorbos de agua y masticamos la carne seca que guardamos en las mochilas, entre gritos de ánimo y oraciones.
Al oscurecer, La Cabeza comunica la orden de parar, y el último se une con el primero formando una circunferencia. Encendemos las linternas de luz azul que llevamos colgadas de nuestros cinturones, y giramos en circulo tres veces en el sentido de las agujas del reloj y dos en el contrario, como está escrito. Luego nos enroscamos alrededor de La Cabeza, rezamos, cenamos otra vez carne seca y dormimos extenuados hasta la mañana siguiente.
Así día tras día. La comunicación telepática entre nosotros está prohibida, para no interferir con La Cabeza, por lo que hablamos poco, ya que el calor y la arena resecan mucho la boca y la garganta y pronto empezará a faltar el agua. Las bajas y las dificultades hacen que los ánimos no estén muy altos, y ya no conozco a ninguno de los que quedan. Yo rezo para no perder la esperanza y caer al suelo sin fuerzas ni ánimos para levantarme. Debe ser horrible oír alejarse el tintineo de las linternas, el ruido de los pies arrastrándose por la arena, las voces roncas y los resoplidos de esfuerzo, observando como la cuerda pasa a tu lado, despacio, hasta que desaparece y te quedas sólo, en el más absoluto silencio, bajo el sol de este mundo perdido.
Mientras camino sueño despierto con el Día del Contacto, observo el desierto, y me pregunto si todo esto merece la pena. Las pirámides en la arena, todos esos túneles bajo el hielo, las piedras ordenadas en los valles y ahora esta travesía con las linternas azules.
Después de mil años encerrados en este dichoso planeta el tiempo se nos acaba y empiezo a pensar que vamos a morir todos. (…)

1 Comments:

Anonymous Ángel said...

Hace algunos días que leo tu weblog y me parece una preciosidad. Este texto, por ejemplo: magnífico.
Un saludo
ángel

sábado, 19 marzo, 2005  

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