04 abril 2005

Una de gangsters

Le entregó al camarero otro billete y esperó a que le sirviera la tercera copa en media hora. Se removió en el taburete mientras se desabrochaba el botón del cuello de la camisa y se aflojaba el nudo de la corbata. Observaba su cara en el espejo de la columna que tenía al lado. Los ojos enrojecidos por el humo, el pelo algo despeinado y las mejillas sudadas por el alcohol. Contempló el vaso con hielo que le ponían delante y sonrió sin despegar los labios al camarero cuando hubo terminado de llenarlo. Bebió despacio y se echó un poco hacia atrás.
Miraba el reflejo de las pocas luces del local en las hebras de humo que salían de su cigarro y que bailaban variando su color entre tonos grises y azulados. Recordaba la conversación de hacía unas horas con el que hasta ahora había sido su hombre de confianza. Todo había sido como siempre. Los mismos saludos, las mismas frases hechas, las mismas complicidades. Pero entre las palabras y los gestos conocidos, una mancha gris, detrás de una mirada huidiza. Unos ojos que no te miran directamente y una sonrisa de medio lado mientras te aprietan amigablemente el hombro. Una carta marcada.
La mancha gris empezó a moverse en su cabeza como el humo que ascendía ahora de su cigarro y se fue haciendo grande y oscura. Se convirtió en un remolino de incertidumbres, de inseguridades, que empujaba su imaginación por oscuros caminos de traición. Mantuvo la misma cara, imperturbable, le siguió el juego, pero tomó nota de la mentira. Se despidió de él, como siempre, y luego, como un trámite que la amistad y los buenos ratos pasados le exigían, confirmó la traición.
Cuando le sonó el móvil que llevaba en el bolsillo interior de su chaqueta, le temblaron un poco las manos. Una voz seria y ronca le informó en poca palabras de que todo estaba bien. Volvió a beber despacio del vaso y no pudo evitar una oleada de tristeza recordando los buenos tiempos, cuando no estaba solo, y no tenía que brindar con su reflejo en un espejo.

2 Comments:

Anonymous Ángel said...

Una escena de puro cine negro americano, o al menos así me le he imaginado yo mientras leía. Las representaciones mentales de una historia pueden diferir mucho entre el escritor y el lector.
Un buen texto... sugerente.

martes, 05 abril, 2005  
Blogger Cross said...

Es cierto. Muchas veces uno imagina una escena y la describe lo mas detalladamente que sabe, y despues de algunos dias, al releer el texto comprueba que no transmite lo que quería.
En este caso, si no fuera por el título, ¿se entendería igual la escena?.
Un saludo y gracias por los comentarios.

miércoles, 06 abril, 2005  

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