16 mayo 2005

El diamante Rusbury. (El tesoro del faro II)

Sharock, apoyado en la barandilla del barco, contemplaba las luces amarillentas del puerto en el horizonte. Fumaba y pensaba, tenso, soportando el aire frío de la noche en el mar, escudriñando concentrado la costa, olfateando el peligro inminente.
Cuando dos meses atrás aceptó el encargo de trasladar el diamante Rusbury desde Londres hasta Lisboa, optó por lo que él llamaba el “Método del Humo”. Pocos hombres, de confianza, en un barco de pasajeros en viaje regular. A la misma vez, se colocaba un señuelo dentro de una caja fuerte fuertemente custodiada y se solicitaba a las autoridades su colaboración en la protección, fletando un barco especial para trasladar la réplica. Las filtraciones de la policía colocaban a todos los posibles interesados tras la pista del diamante falso, mientras Sharock y sus hombres viajaban discretamente con la joya auténtica. Hasta ahora la cortina de humo había funcionado perfectamente.
Faltaban apenas unos minutos para llegar al puerto. El barco lento y pesado aplastaba las olas en dirección al muelle. Las estrellas observaban la maniobra con parsimonia y en la cubierta se empezaban a agolpar pasajeros, deseosos de pisar tierra firme.
Cuando los marineros colocaban la escala, el piloto se permitió hacer sonar la sirena en señal de despedida a los viajeros. Los mozos, adormilados y sucios, se apiñaban debajo de la baranda, esperando el desembarco.
Sharock sentía latir su corazón contra la pequeña caja de madera que guardaba el diamante. Bajó por la escalerilla con naturalidad, agarrando una pequeña maleta, con dos de sus hombres un poco más adelantados y otro detrás. Notaba el peso del revolver en el bolsillo exterior de la chaqueta.
Ya en el muelle, caminó hacia la zona de aduanas, donde un contacto los dejaría pasar sin tener que detenerse a rellenar formularios. Todo parecía ir según lo previsto. Entre los fardos de mercancías, moviéndose con seguridad, observó las sombras de sus hombres dirigiéndose al mismo lugar.
Justo cuando empezó a tranquilizarse, cuando se permitió pensar en la cama mullida del hotel, cuando dedicó un instante a observar la belleza del puerto iluminado en la noche, justo en ese momento, sintió el disparo en el pecho.
Cayó al suelo de espaldas y rodó buscando refugio en la oscuridad. Sonaron muchos disparos más y ráfagas de ametralladora. Distinguía perfectamente el sonido recio y fuerte de las escopetas que sus hombres escondían. Un balazo rebotó en el suelo cerca de su cabeza. Sentía como ardía su pecho. Oía voces y gritos, pero no podía entender nada. Notó como lo agarraban de las axilas y lo arrastraban hacia atrás. Pensó en sacar su arma, en defenderse, en proteger el tesoro que guardaba en su abrigo. Un rostro moreno y asustado le hablaba muy cerca de su cara. Sharock cerró los ojos y se dejó vencer por el cansancio, soñando con la cama del hotel, mientras unas manos nerviosas le registraban los bolsillos.
El joven maletero que trataba de ayudar a Sharock nunca había visto un hombre muerto. Sentía el miedo removerse en su estómago como un animal herido. Buscó entre las ropas de Sharock una pistola con la que defenderse en medio del tiroteo y encontró la cajita de madera con el diamante Rusbury.
Con el sonido de fondo de los disparos y el pánico agitándole las manos, Lunciano abrió la caja y vio brillar una estrella dentro de ella. Durante unos segundos se olvidó de todo, envueltos sus sentidos por el brillo de la luna y el reflejo de la muerte en la piedra. Después, se guardó con cuidado la caja, salió corriendo del muelle, y no dejó de huir nunca.





6 Comments:

Blogger pedazodecaos said...

Realmente buena como todas tus historias que ya lei el otro día cuando entré por primera vez... no pude parar hasta leerlas todas.

martes, 17 mayo, 2005  
Anonymous Sonela said...

Es dificil decir genial sin que te suene a pelota, pero lo voy a disfrazar.
Hasta el final me has tenido en vilo imaginándome las mil salidas que podía tener esta impecable historia, pero ninguna, te lo aseguro, se podía igualar un ápice a tu desenlace. Me acordaba de relatos de piratas, de gansters y como curiosidad (y chorrada),también me has hecho recordar "La guerra de las galaxias" por lo de empezar la historia por el final.
¿Te he dicho que me pareció fantástica? No, mejor no XDD
Alucinados besitos sin balas :)

miércoles, 18 mayo, 2005  
Blogger Angel said...

¡Qué estupendo flashback!
Yo me preguntaba qué contendría aquella cajita que Lunciano enterró en el faro y nunca recuperó. La caja contenía una estrella, un tesoro, algo demasiado hermoso para estar en manos de un humano. Ahora lo entiendo todo y me cuadra a la perfección.
Una narración sobresaliente, Cross. Has vuelto a conseguir que se me erice la piel al leer una de tus historias.
Un fuerte abrazo, escritor.

miércoles, 18 mayo, 2005  
Blogger Cross said...

Pedazodecaos, gracias por leer las historias, están escritas para eso y sin lectores pierden mucho... ;)Por cierto, me encantan tus fotos.
Sonela, seguro que de esas mil salidas que imaginaste hay novecientas que merecen la pena ser contadas. Besos sonrojados.
Angel, a ver si voy aprendiendo... ¿Qué refleja un diamante dentro de una caja y enterrado bajo tierra?.
Un abrazo.

miércoles, 18 mayo, 2005  
Anonymous Anónimo said...

Bonifasi;

Tío, lo tuyo tiene delito. Zarpas con el barco, poco a poco, abriéndose paso en la mar, con un diamante a bordo, con los planes de una cortina de humo, nos tienes a todos en vilo, toda la historia atada con hilo de seda y al final la rompes con un tiroteo, con un chaval corriendo con el tesoro...

Disfruto de tu imaginación y del ritmo que le das.

un abrazo con espuma de mar

jueves, 19 mayo, 2005  
Blogger Angel said...

¿Una estrella? ;)

jueves, 19 mayo, 2005  

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